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ENTREVISTA a Estela Mora, ingeniera

"Con el IoT, actualmente podemos tener vehículos autónomos y redes en medio de la nada"

Estela Mora representa a una nueva generación de ingenieras que entienden la tecnología no solo como innovación, sino como una herramienta capaz de transformar sectores esenciales para el futuro. Reconocida con el Primer Premio en la categoría de Telemática y el Tercer Premio en Electrónica en la XIX edición de los Premios COITT Futuro de las Telecomunicaciones, su trabajo combina Inteligencia Artificial, Edge Computing y sistemas autónomos para revolucionar la agricultura de precisión.

Desde el Campus Sur de la UPM y como investigadora del grupo GRyS, Estela ha desarrollado un ecosistema tecnológico que permite coordinar flotas de drones agrícolas en tiempo real, optimizando recursos, reduciendo costes y apostando por una producción más sostenible. Su visión conecta investigación y aplicación práctica, demostrando cómo las telecomunicaciones pueden convertirse en un motor clave para modernizar el sector primario y reducir la brecha digital en entornos rurales.

En esta entrevista hablamos con ella sobre vocación, innovación, el futuro de las telecomunicaciones y los retos de llevar la alta tecnología allí donde más impacto puede generar.

— Te empezaríamos pidiendo un resumen de ¿ En qué consiste básicamente tu proyecto TFG galardonado?

— La idea principal es llevar la última tecnología al campo para dar un salto real hacia la agricultura del futuro, haciéndola más rentable y sostenible. Lo interesante es que los dos proyectos galardonados no son independientes, sino que encajan perfectamente dentro de un mismo ecosistema; son dos piezas del mismo puzle.

Por un lado, con el proyecto de Telemática (Primer premio), diseñé toda la infraestructura: un sistema para gestionar flotas de drones y misiones agrícolas usando Edge Computing. Al llevar la capacidad de procesamiento allí mismo, a pie de campo, eliminamos la dependencia de servidores externos. Esto nos ahorra los típicos cortes de conexión de las zonas rurales y nos permite reaccionar al instante, sin el retardo que supone subir y bajar datos de la nube.

Por otro lado, con el proyecto de Electrónica (Tercer premio), desarrollé el ‘cerebro’ de los drones: un dispositivo hardware con Inteligencia Artificial integrada. Este equipo analiza el entorno y genera lo que llamamos ‘mapas de prescripción’. Es decir, la IA identifica exactamente qué zonas del cultivo necesitan agua, dónde falta fertilizante o si hay un inicio de plaga.

Al unir ambas partes, el sistema cobra sentido por completo. El dispositivo detecta la necesidad sobre el terreno y, a través de la red Edge, orquesta a los drones para que despeguen y ejecuten las misiones de forma totalmente autónoma y en tiempo real. En la práctica, esto significa que los vehículos aplican los recursos solo en el punto exacto donde hacen falta, optimizando muchísimo el trabajo agrícola, reduciendo costes y cuidando el medio ambiente.

—Las principales oportunidades que las telecomunicaciones brindan a los distintos sectores económicos, ¿En especial al sector primario?

— El sector primario ha estado históricamente un poco desconectado de la revolución digital simplemente por falta de infraestructura, pero con el IoT (Internet de las Cosas), el 5G y el Edge, ahora podemos tener vehículos autónomos y redes de sensores en medio de la nada. Esto es una oportunidad gigante: podemos optimizar el uso del agua, reducir los fertilizantes aplicando los productos solo donde realmente hace falta, y hacer que la agricultura sea mucho más rentable y sostenible. Básicamente, estamos rompiendo esa brecha digital para que sectores tan tradicionales aprovechen la alta tecnología.

—¿Cómo y por qué apostaste por hacer ingeniería?

— Pues fue pura vocación impulsada por la curiosidad. Siempre me ha gustado trastear con todo, intentando entender qué había detrás de cada aparato. Cuando tuve que elegir qué estudiar, vi clarísimo que la ingeniería me daba las herramientas para pasar de simplemente desmontar cosas a construirlas yo misma para aportar soluciones reales.

—¿Antecedentes familiares? ¿Vocación?

— La verdad es que no vengo de una familia de ingenieros, así que no fue algo heredado. Pero en casa siempre fomentaron esa curiosidad por la tecnología y me apoyaron muchísimo, así que fue un paso muy natural apostar por una carrera que me permitiera crear tecnología útil para los demás pese a no tener un ejemplo a seguir cercano.

—¿Cómo conociste el Colegio y la convocatoria de los premios?

— Me enteré sobre todo por el ambiente académico en la universidad. Mi tutor y mis compañeros del grupo de investigación GRyS fueron los que me animaron a presentarme. Ellos confiaban mucho en el valor real de lo que habíamos desarrollado y me insistieron bastante para que compartiera el trabajo con el resto de la comunidad profesional a través de los premios del COITT.

—¿Piensas seguir de alguna manera con el proyecto?

— Este proyecto está más vivo que nunca. Como sigo trabajando como investigadora en el grupo GRyS, tengo la gran suerte de poder seguir evolucionando esta arquitectura. Ahora mismo estamos trabajando en integrar modelos de IA más avanzados, hacer que los nodos Edge sean aún más robustos y probar toda la gestión de la flota en escenarios agrícolas reales y mucho más complejos. Además, queremos incorporar vehículos terrestres autónomos (UGVs) e implementar una buena capa de ciberseguridad. La verdad es que las posibilidades de ampliar el sistema son enormes.

—¿Cómo has pensado orientar tu futuro profesional?

— Me quiero mantener muy ligada al I+D (Investigación y Desarrollo). Me apasiona todo lo que cruza el Edge Computing, la Inteligencia Artificial y los sistemas autónomos. Mi objetivo a largo plazo es seguir construyendo ese puente entre lo que investigamos en la universidad y las aplicaciones reales en la industria. Quiero crear soluciones que de verdad resuelvan retos importantes, ya sea en agricultura inteligente, robótica o en las redes del futuro.

—¿Piensas seguir en España o contemplas vivir fuera?

— Ahora mismo, España tiene grupos de investigación potentísimos y un ecosistema tecnológico que está creciendo una barbaridad, sobre todo en áreas como el IoT. Por el momento estoy súper contenta y me siento muy realizada desarrollando mi trabajo aquí en Madrid, en el Campus Sur de la UPM. Pero bueno, la tecnología es un campo completamente global, así que no descarto para nada irme fuera en un futuro. Trabajar con equipos internacionales y ver otras culturas tecnológicas es una de las mejores formas de crecer como ingeniera.

—¿Cómo ves la evolución de telecomunicaciones dentro de 5 años?

— Yo lo veo como un periodo de transformación muy intenso. Por un lado, es evidente que tecnologías como la Inteligencia Artificial, que ahora mismo está en boca de todos, y el Edge Computing van a dejar de ser conceptos de «laboratorio» para convertirse en la base real de nuestro trabajo. La IA se integrará de forma natural en el corazón de las redes para hacerlas más inteligentes, y el Edge nos dará esa inmediatez en el procesamiento que es vital para que sistemas como los drones o los vehículos autónomos funcionen de verdad en escenarios reales.

Sin embargo, hay que mantener los pies en la tierra. Soy consciente de que nos queda mucho por «picar piedra»: todavía tenemos que resolver problemas serios de infraestructura en el mundo rural y urbano, gestionar los costes de implementación y asegurar que estos sistemas tan complejos sean realmente robustos y seguros.

No va a ser una revolución mágica de la noche a la mañana, pero ahí es donde entra mi optimismo: creo que en estos cinco años vamos a ser capaces de asentar los cimientos de algo muy grande. Formar parte de ese proceso de llevar la innovación a donde antes no llegaba nada, superando esos obstáculos técnicos paso a paso, es un reto que me motiva muchísimo.

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