“En el futuro, tanto la conectividad global como la monitorización avanzada dependerán casi por completo de la infraestructura que tengamos fuera de la Tierra.”
Alejandro Arroyo Velázquez ha sido reconocido por un Trabajo Fin de Grado que explora una de las aplicaciones más innovadoras de las telecomunicaciones: el uso de redes 5G para desarrollar sistemas de radar pasivo capaces de detectar drones sin emitir señales propias.
Apasionado por la ingeniería de radio, la investigación y el sector espacial, este joven ingeniero analiza los retos y oportunidades de las futuras generaciones de comunicaciones y explica cómo su proyecto ya está dando el salto hacia nuevas aplicaciones en la vigilancia del espacio.
— Yo te empezaría pidiendo un resumen de ¿En qué consiste tu proyecto?
— En su definición más básica, un radar pasivo, es un sistema radar que no tiene transmisor, detecta objetos sin emitir ninguna señal propia. Lo que hacemos es aprovechar ondas electromagnéticas que ya están en el aire —»iluminadores de oportunidad»— y analizamos cómo rebotan en los objetos para localizarlos.
Curiosamente, el primer radar de la historia (1935) fue pasivo: usaron emisiones de onda corta de la BBC para detectar aviones en el experimento de Daventry. En la Segunda Guerra Mundial, los alemanes hicieron lo mismo con su sistema Klein Heidelberg, «escuchando» los rebotes de los radares británicos para interceptarlos en absoluto silencio. Hoy, con mi TFG, sustituimos aquellas antiguas torres de radio por la densa red actual de estaciones base 5G. Procesamos esas señales matemáticamente para detectar objetos, enfocándonos especialmente en drones (UAVs), siguiendo las tendencias actuales de seguridad.
— Las principales oportunidades que el 5G brinda a los ciudadanos de nuestro país, empresas y administraciones….
— Es cierto que hoy disfrutamos de las capacidades del 5G, pero creo que el foco debe estar en el salto hacia el 6G, que supondrá una mayor convergencia entre el mundo físico y el digital.
En mi opinión, para los ciudadanos, ofrecerá experiencias verdaderamente inmersivas con latencia casi nula y empezaremos a ver como llegan aplicaciones que hasta ahora veíamos demasiado pretenciosas o futuristas, como la realidad virtual. Para las empresas, permitirá la hiperautomatización y la creación de «gemelos digitales» en tiempo real. Finalmente, para las administraciones, el 6G estandarizará el ISAC (Integrated Sensing and Communication). Las infraestructuras públicas ya no serán meras «tuberías» de datos, sino una red sensorial. Podrán monitorizar tráfico o seguridad perimetral de forma pasiva, «escuchando» el entorno sin instalar radares adicionales. En definitiva, veremos nuevos servicios y aplicaciones hasta ahora inviables por motivos de capacidad o latencia.
— ¿Cómo y por qué apostaste por hacer ingeniería?
— Siempre tuvimos un ordenador en casa y desde pequeño pasaba mucho tiempo trasteando con él. Más adelante, empecé a jugar a videojuegos, a descargarlos y a crear servidores para jugar con mis amigos. El padre de mi mejor amigo, Miguel Salas, es ingeniero informático de los vintage, y siempre trató de iniciarnos a los dos en la programación o la seguridad informática. Esto nos motivó a ambos a acabar estudiando ingeniería. Mientras que, Miguel decidió seguir el camino de su padre estudiando Ingeniería Informática, yo me decanté más por la parte del hardware; acabando en teleco, y creo que acerté.
— ¿Antecedentes familiares? ¿Vocación?
— En mi familia no hay tradición de ingenieros; mi prima y yo somos los primeros en estudiar ingeniería. Sin embargo, en casa siempre han fomentado mi curiosidad. Desde siempre, mis padres me han impulsado a aprender cosas nuevas, a investigar por mi cuenta y resolver problemas. Ese apoyo constante fue el motor para que pudiera desarrollar mi vocación de forma autodidacta y terminara adentrándome en el mundo de la tecnología.
— ¿Cómo conociste el Colegio y la convocatoria de los premios?
— Conocí el Colegio Oficial a través de mi tutor, Antonio Pérez Yuste, quien me animó a presentar el TFG a la convocatoria.
— ¿Piensas seguir de alguna manera con el proyecto?
— Sí, el proyecto está evolucionando hacia un escenario nuevo. Actualmente trabajo junto a Rodrigo Blázquez (director del TFG) y la empresa GMV explorando el uso de iluminadores satelitales.
Estamos aplicando este concepto de radar pasivo al ámbito del S3T (Space Surveillance and Tracking). El objetivo es aprovechar las señales que ya emiten los satélites para rastrear basura espacial u otros objetos en órbita. Es un salto fascinante, ya que pasamos de vigilar un perímetro reducido a monitorizar el espacio, manteniendo las ventajas del radar pasivo.
— ¿Cómo has pensado orientar tu futuro profesional?
— Mi prioridad es seguir formándome y dedicar los próximos años a la investigación. Tengo claro que quiero profundizar en la ingeniería de radio en cualquiera de sus ramas, pero muy especialmente en su aplicación al sector de la defensa y el espacio.
— ¿Piensas seguir en España o contemplas vivir fuera?
— Si me surge una buena oportunidad en un centro de investigación extranjero, sin duda la aprovecharía. Trabajar fuera en hardware y sistemas de radio te permite acceder a una financiación mucho más sólida, lo que se traduce en más recursos y mayor libertad para investigar sin estar tan limitado por el presupuesto. Además, te da la oportunidad de aprender nuevas metodologías y trabajar con gente con maneras de pensar distintas, lo que te enriquece personal y profesionalmente.
Sin embargo, mi objetivo a largo plazo es asentar mi vida y mi carrera en España. Contemplo salir como una etapa de crecimiento, con la gran motivación de regresar y aportar todo ese conocimiento de vuelta.
— ¿Cómo ves la evolución de telecomunicaciones dentro de 5 años?
— Las telecomunicaciones seguirán siendo el pilar fundamental de la tecnología, pero si me tengo que mojar, diría que el sector espacial será el que adquiera la mayor relevancia.
Las empresas de telecomunicaciones tradicionales van a sufrir una transformación gigantesca y podrían llegar a ser desplazadas por compañías con un verdadero dominio espacial, como ya vemos con las megaconstelaciones en órbita baja. En el futuro, tanto la conectividad global como la monitorización avanzada dependerán casi por completo de la infraestructura que tengamos fuera de la Tierra. Por tanto, el interés tanto en industria, investigación y geopolítica creo que se centrarán en el dominio espacial.

